El Refugio

Quiénes somos

Un lugar donde la vida vuelve a su ritmo natural

Qué es El Refugio

El Centro de Estilo de Vida El Refugio es un hogar de convivencia y aprendizaje en medio de la naturaleza, guiado por principios cristianos y con las puertas abiertas a todos.

Aquí compartes la mesa alrededor de platillos 100% basados en plantas, participas en talleres y actividades prácticas, caminas, descansas y convives a un ritmo más pausado. Nuestro énfasis es la prevención: aprender a cuidar la vida antes de que el cuerpo la reclame, y llevar a casa hábitos que perduren.

Puedes venir por el día, quedarte una o varias noches o vivir el programa de 10 días.

Por qué existimos

Porque el ruido, la prisa y el exceso agotan. Muchas personas llegan cansadas, con poco tiempo para sí mismas, para su familia y para Dios, y con el deseo sincero de vivir mejor sin saber por dónde empezar.

El Refugio existe para ofrecer ese espacio: sin ruido, sin prisa, sin excesos; solo naturaleza, alimentación real basada en plantas, descanso y una familia que acompaña.

Creemos que la salud es un regalo de Dios, y que Él, el Médico de médicos, conoce lo que cada cuerpo, mente y espíritu necesita para hallar alivio, esperanza y bienestar.

Nuestra fe, con las puertas abiertas

Todo lo que compartimos nace de principios bíblicos y de nuestra confianza en Dios; no lo escondemos, es el corazón de este lugar.

Nuestra espiritualidad es bíblica, centrada en Cristo y en la confianza en el Creador. Lo que aquí se practica nace de la Biblia: lectura, canto, oración y conversación comunitaria respetuosa. No promovemos ni practicamos filosofías del ser interior, energías impersonales, prácticas sincréticas, meditación trascendental, yoga ni prácticas asociadas a la nueva era. Lo decimos con sentido de transparencia, para ser claros sobre lo que encontrarás aquí.

De corazón recibimos a todas las personas, sin juzgar su trasfondo de fe, sus dudas o su historia espiritual. Nuestros espacios espirituales son abiertos y voluntarios; nadie es presionado a participar ni a pensar igual. Aquí encontrarás respeto, cariño y libertad, en un ambiente siempre coherente con lo que creemos.

Con transparencia, para tu bienestar

El Refugio ofrece una experiencia de convivencia, descanso y aprendizaje práctico. No somos un centro médico ni de tratamientos, no contamos con personal de salud ni con servicios de emergencia.

Si necesitas que la alimentación, el ritmo o las actividades consideren alguna situación personal, alergia o medicamento, es importante informarlo con anticipación.

Antes de confirmar una visita, cada persona recibe información clara sobre el alcance de la experiencia, las condiciones de seguridad, los requisitos de participación y los Lineamientos de Convivencia.

Fundador

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Fundadora

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Quiénes están detrás

Detrás de El Refugio hay un hogar: una pareja de esposos que abrió su casa en el campo para recibir a otras personas y familias. No somos profesionales de la salud ni una institución; somos una familia que recibe a otras personas y familias, con sencillez y responsabilidad.

Cómo se sostiene este lugar

Lo hacemos de corazón, y también con responsabilidad. Cada programa, estadía, taller y actividad tiene una cuota de participación que cubre sus costos reales, como la alimentación, el hospedaje, los materiales, la logística y el mantenimiento del lugar, y que hace posible que este propósito continúe y llegue a más personas. Al participar, tú también sostienes lo que aquí se comparte.

El Refugio

Nuestra historia

Cómo un sueño de infancia se convirtió en un hogar abierto

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El mismo sueño, antes de conocernos

Desde niños, cada uno por su lado y sin saber que el otro existía, queríamos lo mismo: vivir en el campo, entre árboles frutales, animales y un río.

Años después Dios unió nuestras vidas, y con el tiempo también el sueño. Nos permitió adquirir esta finca con la intención de que fuera nuestro hogar.

Hasta aquí no llegan los servicios públicos básicos, así que los primeros años se nos fueron en trabajar la tierra y en ingeniárnoslas para resolver lo necesario. Mientras tanto, contemplamos la idea de adaptar un proyecto turístico familiar, algo privado, para los más allegados. Ese era el plan.

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Lo que aprendimos viviendo aquí

Vivimos varios años en la finca antes de dedicarla a Dios. La naturaleza y el cuidado de los animales nos enseñaron lecciones que no esperábamos.

Antes de eso, e incluso durante ese tiempo, ambos atravesamos distintas situaciones de salud que nos obligaron a mirar de frente cómo estábamos viviendo. Fue ahí donde entendimos, no en teoría sino en carne propia, que el descanso, la alimentación, el movimiento y la paz interior no son detalles: son medios que Dios ha dejado para sostener la vida.

Entonces entendimos dos cosas al mismo tiempo: que los animales están mejor libres, y que el cuerpo florece con lo que Dios dispuso para él. Así fue como llegamos a la alimentación basada en plantas. No por una regla, sino por convicción.

Creemos que la salud es un regalo de Dios, y que Él, el Médico de médicos, conoce lo que cada cuerpo, mente y espíritu necesita para hallar alivio, esperanza y bienestar.

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Fuimos por salud y volvimos con un llamado

En octubre de 2015 fuimos a un retiro que creímos que era de salud. Estábamos justo en medio de un cambio de hábitos y nos pareció valioso participar. Al llegar descubrimos que era un retiro de jóvenes, dedicado a la misión.

Decidimos quedarnos, pero como éramos de las pocas parejas casadas, nos separaron por equipos para las actividades y por género para el hospedaje. Por lo que prácticamente no nos vimos durante todo el retiro.

Volvimos a encontrarnos hasta el almuerzo del último día. Ya en el carro, de regreso a casa, cada uno contó lo que le había pasado durante el retiro. Justo la noche anterior, a cada uno por separado y sin que el otro lo supiera, Dios nos había llamado a entregarle nuestras vidas y todo lo que Él nos había dado a administrar.

Allí mismo, dentro del carro, los dos dijimos que sí a Dios. Sin siquiera imaginar lo que haríamos luego. No fue sino hasta un año después, en una convención misionera en Colombia, que Dios nos mostró a qué nos estaba llamando: lo que hoy hacemos en El Refugio. Renunciamos entonces a la idea del proyecto turístico y decidimos dedicarnos por completo a la misión, dejando de lado toda actividad comercial.

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El proyecto encontró su lugar

Con el tiempo comprendimos que la misión también necesita sostenerse. Y entendimos que aquel proyecto que habíamos dejado atrás no debía desaparecer, sino cambiar de propósito.

Así, con la visión clara de que todo lo que emprendamos ha de ser para servir a otros, concebimos El Refugio como un hogar de convivencia y aprendizaje en medio de la naturaleza, donde quien pasa por aquí encuentra bienestar, aprende hábitos que puede llevar a casa y, al participar, contribuye a que este lugar siga siendo de bendición para más personas.

El llamado nunca cambió. Cambió nuestra comprensión de cómo este lugar podía sostener la misión.

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El camino hasta hoy

En 2017 dedicamos El Refugio y nuestras vidas a Dios, y renovamos nuestros votos matrimoniales el mismo día. En 2018 abrió la escuela misionera, que funcionó hasta que la pandemia nos obligó a cerrarla en 2020. Vinieron años de cambios, una pausa y un cierre temporal en 2022. En diciembre de 2023 volvimos a abrir las puertas.

Esa historia forma parte de lo que somos. Hoy El Refugio es un hogar abierto, y la manera de compartir lo que aquí se vive se hizo más amplia.

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No hemos estado solos

Desde el inicio, Dios ha enviado voluntarios, aprendices, participantes, familias de apoyo y visitantes: son demasiados para nombrarlos, pero toda esa familia transitoria que ha pasado por estas puertas permanece en las fotos y en el corazón. Con ellos hemos compartido las actividades diarias, la mesa, las risas y también los días difíciles. De cada uno hemos aprendido algo que necesitábamos aprender. Los recordamos con aprecio, cariño y gratitud, y los conservamos en nuestras oraciones.

Dios continúa guiando y entretejiendo la historia para el cumplimiento de los propósitos que solo Él conoce. Le agradecemos por seguir permitiéndonos ser parte de esta historia y por cada persona que pasa por aquí, porque tú también eres parte de lo que aquí se sigue contando.

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Esta es tu historia también

El Refugio no es solo nuestro hogar. Es un lugar que Dios ha preparado para recibir a personas como tú. Personas que necesitan hacer una pausa. Personas que quieren aprender algo nuevo. Personas que buscan servir con propósito. Personas que desean reconectar con lo esencial.

Un lugar donde la fe cristiana se vive con naturalidad, sin imposiciones ni mezclas.

Cada visitante que llega deja algo y se lleva algo. Algunos dejan sus preocupaciones y se llevan paz. Otros dejan su tiempo y se llevan nuevas habilidades. Algunos dejan su servicio y se llevan gozo. Todos dejan su huella y se llevan una experiencia que los acompaña al volver a casa.

Las puertas están abiertas. Tu lugar está preparado.

El Refugio

Nuestra identidad

La brújula del Centro de Estilo de Vida El Refugio: lo que somos, hacia dónde vamos y cómo queremos hacerlo.

Propósito

Porque creemos que la salud es un regalo de Dios que se cuida con hábitos sencillos, y porque hemos vivido en carne propia lo que la naturaleza, la alimentación real, el descanso y la confianza en Él pueden hacer por una vida.

Misión

Compartir desde nuestro hogar en la naturaleza hábitos sencillos y principios bíblicos que ayudan a prevenir, descansar y vivir con plenitud, acompañando de cerca a cada persona y familia que nos visita.

Visión

Que cada persona que pase por El Refugio regrese a casa con hábitos que perduren, esperanza renovada y el deseo de compartirlo con otros.

El Refugio: un hogar de convivencia y aprendizaje en medio de la naturaleza donde la vida vuelve a su ritmo natural. Hábitos sencillos, alimentación real basada en plantas, descanso y confianza en Dios. Abierto a todos.

¿Listo para conocernos?

Escríbenos por WhatsApp y cuéntanos qué te gustaría vivir en El Refugio. Te esperamos.

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